martes, octubre 10, 2006

Literatura

CONTRATAPA - por Marcelo Di Marco
Lo que más llama la atención de esta novela contundente es el vigor del estilo con que Alejandro Vilas logra hacer creíble el mundo oscuro y pesadillesco que rodea al protagonista. Germán, el condenado, vuelve del sueño de la muerte para caer en una realidad más siniestra que la de sus propios laberintos mentales. Estamos frente a una escritura forjada a presión, ante un pulso narrativo que confirma y afianza la calidad literaria del autor, quien se inició en el año dos mil con la publicación del cuento “El primer salto”. En esta primera novela, Vilas sigue optando por tomar el camino difícil y solitario de aquellos escritores que no se conforman con los remanidos temas que suele dictar la novelística light. A cada página nos enfrenta con personajes de carne y hueso, ajenos a los usos y costumbres de los actuales “cronistas de la vida tal cual es”. Celebro entonces la aparición de Atrapado, un verdadero acto de justicia editorial. Y, sin que me importe cometer un fácil juego de palabras, les pido que ustedes también se dejen atrapar por las cajas chinas que inteligentemente despliega Alejandro Vilas en esta obra poderosa. Valdrá la pena.
Marcelo di Marco

PRESENTACION - por Claudio Martyniuk
Atrapado, pero ¿dónde? Acaso en la soledad.
Allí emergen, como claridad, la huida de las falsas infinitudes. La familia, el trabajo. Aún no, el libro, la escritura. En ese no lugar físico (no hay lugar para lo físico), adquirir consciencia, sentir la existencia, hacerlo desde un exterior de la cotidianeidad. A partir de estar como extranjero en la vida. Por El Extranjero, quizás.
Adquirir lucidez, memoria en este caso. Y narrar.
Nuevamente, Atrapado, pero ¿dónde? En un paraje físico de aniquilación. Entre el caos y la nada. En el más inhóspito de todos los espacios. El más reconocible. Ahí fue la vida. Ahí sucedió una historia donde no se equilibran resignación y acción. Aquí no importa demasiado el contenido de esa historia. Sí como se trazan los causes de su relato. Sí, su fondo.
Encierro, frío, inconsciencia. Límite que roza con la muerte. Límite que roza con la escritura. Desde ese punto se escribe, se cuenta, se comprende.
Si en el principio es un Según me han informado. Luego, a través del escribir, del contar, comprender y hacer, se da la consciencia de la acción. Y el libro se inicia con una cita de Emerson: Nada más raro en un hombre que un acto propio.
Escribir. Representar. La escritura. El espejo produce una imagen distorsionada. Nos devuelve una figura, no una persona. Ni siquiera nos muestra la carne dice la novela. Novela que tiene toda una teoría sobre la escritura.
Escritura, “incompletitud”, leer, leerse. Verse como si fuera otro. La novela dice Un muñequito de torta, arregladito para la boda de otro.
Escribir, observar, penetrar en la intimidad. Pensamientos que aturden, que avasallan la consciencia. Que bajan los brazos, que aplastan y hunden. Trabajar, crecer, progresar. Unas palabras como la acidez. Una mirada tenebrosamente triste. Verse, describirse suelto. Vagando sin sentido, sin sentidos, sin sentimientos.
Enclaustrado en el cuerpo, encerrado en una celda. El afuera acecha. El ruido, el silencio. La cura. Preguntas inquietantes. No era él, era su cuerpo. Recuperar los sentidos. Miradas vacías.
Escritura artificio. Flotaba en bosques tétricos. Escritura, sin vida, sin muerte. Escritura. Bosques de árboles negros. Almas sin vida, cuerpos sin muerte. Escribir. Escrito. Un estado de separación.
Creer saber. Desprecio por las creencias. Más allá, saber qué pasó. Sentir. Sólo veo palabras. Acción animal. Basta de moral fingida. Violencia, trabajo, familia, escritor. El deseo de cantar y ser escuchado.
Atrapado, entonces, como un volcán atrapado. El nihilismo actúa en el aislamiento de la persona singular. En su salida de la comunidad. El nihilismo se prepara como una erupción. Conduce a un acrecentamiento del poder físico y psíquico a costa de la salud. Un escritor alemán, Herz Junger lo sabía muy bien, lo aprendió de Dostoievski. En Atrapado, acaso la erupción sea la escritura.
Claudio Martyniuk.
“Atrapado”, o el laberinto de las pesadillas - Critica publicada en Canal (á)
Atrapado, de Alejandro Vilas, es una primera novela corta y bien escrita. Sus frases develan que el autor sabe manejar su herramienta con economía, pero tampoco peca en esos vicios de vez en cuando a la moda por los cuales el lenguaje deviene apenas una sucesión de telegramas. Por el contrario, despunta en su texto una prosa robusta que incluso a momentos le pide mayor despliegue, y aunque dicha contención pareciera favorecer los ritmos interiores del relato, también podría suceder que el lector aspire a una palabra menos controlada. No obstante, este discutible reparo en nada empaña una narración bien plantada en sí misma.
Durante cuatro jornadas que corresponden a otros tantos días, un hombre intenta descubrir en su memoria por qué desde hace dos años está donde está: una cárcel o un hospicio o las dos cosas a la vez. El hombre habla y también escribe en un cuaderno. De a poco el laberinto de sus recuerdos toma cierta forma y surge un accidente de autos, o la oficina, o una mañana sofocante. Pero enseguida esas evocaciones caen en el paréntesis que las recluye en la falta de confirmación, y aparecen otros hechos que quizá las contradicen.
Hasta aquí, la historia transita carriles en los que el personaje viste un indudable ropaje de víctima. Es verosímil que una injusticia notoria lo envuelve en su pegajosa telaraña y cabría pensar que integra la profusa galería de caídos en el siniestro engranaje de los poderes y la burocracia kafkiana. Sin embargo, de pronto, acuciada por su inminente ejecución, la supuesta víctima se yergue también y por sobre todo en victimario. Horrores de la sangre, el sexo y los odios familiares serán su sello. Ante este desenlace vale preguntarse con el libro si en realidad nadie sabe quién es, o en realidad todos sabemos quienes somos y apostamos a la máscara.
Atrapado pertenece a la ya tradición de violencia que cierta novela en lengua inglesa puso a punto en la última década. Pero esta característica suma a su favor. Aunque ambientada en Buenos Aires y con personajes porteños, la apertura que evidencia en el tratamiento de su tema dice que por fin los autores argentinos van olvidando en el desván las melancolías provinciales.
Vale la pena leerla.
Critica publicada en Canal (á)
CÍRCULOS ABIERTOS - por Gabriela Stoppelman - Revista El Anartista
“El domingo seré ejecutado(...) en el preciso momento en que me dieron la noticia, observé el reloj del pasillo y vi la aguja del minutero completar el círculo”. Pero los círculos de esta escritura no se terminan de cerrar. Por el contrario, abren grietas, a través de las cuales es posible empezar a caminarlos. El “Atrapado” intenta escribir sus ejercicios de memoria. Sin nombre y sin poder nombrar a los otros. Cree haber olvidado y deja colar, por algunas rajaduras de su dañada percepción, los relatos de su vida. Estos serán construidos: por los de-más, por su mente alucinada en coma, por sus destellos de memoria recuperada, por su creencia en una recuperación total de la memoria, por sus sueños. “Los sucesos siempre son más difíciles de comprender que de contar. Si los escribo, quizá logre interpretarlos”. Interpretar, ése es el movimiento de esta novela. Los instrumentos del texto se ponen a punto y comienzan la interpretación de varias reconstrucciones posibles. Como sucede con cualquier partitura, el sonido y la música resultante dependen de la dirección impuesta por cada intérprete.
La escritura se abre con un contraste de ritmos. Se inaugura en la “Estación terminal” de una prisión-manicomio- sanatorio ó purgatorio- infierno, que incluye hasta sus últimos círculos . El tiempo inaugural es el primer día que el prisionero logra hablar, escribir. Terminal y primero no muestran los extremos de una secuencia, sino un comienzo con su término incluido, uno de tantos comienzos. Después, vendrán otros términos y otros orígenes. La vida de Germán, el personaje “Atrapado”, antes del supuesto accidente que lo llevaría al encierro. Vida, la de antes, contada después, y encerrada en un círculo, abierto a muchos atajos sin rumbo: “caminaba como un zombi”; “me atacan los pensamientos” “el espejo es un elemento perverso(...)presenta una imagen distorsionada”. Curioso personaje, éste, que no puede verse como otro ni tampoco ver a los otros. Los compañeros de oficina llevaban todos, según su “interpretación”, vidas desmoronadas y opacas. Él, en cambio, nada sabía de lo opaco, se movía entre las fronteras del brillo encandilador y la oscuridad absoluta. Un problema de percepción: “Por momentos , desde arriba de un pedestal; por otros, desde el fondo de un pozo” ; ”La realidad me resultaba trágica, pero trataba de tomarme las cosas con humor”. Negro o blanco. Todo o nada. Y también, cuerpo o alma: unos minutos antes del recordado choque, “vienen a mi mente algunas imágenes(...) la satisfacción que viví al ver la conexión física que tienen los negros con su música”. Ellos , en conexión. Yo, dirá el personaje, en perpetua interferencia conmigo, en continuo corto circuito entre mis partes.
Y, cortando la armonía de estas interpretaciones, surgen otras. Un flash de la memoria hace sonora la imagen de un viejo en una plaza. El viejo interroga con su ojos. Y el “atrapado” no puede sostener su mirada ante él. Mucho más adelante en el texto, cuando ya es otro el cantar que suena, la mirada del viejo vuelve, a través de la paredes descascaradas de la prisión: “las paredes de cemento desgastadas son como la cara del viejo de la plaza”.
También hay una larga sinfonía de pesadillas: el relato de las ensoñaciones del coma. Dos años de visiones entremezcladas, donde el pensamiento se había separado del cuerpo. Mientras tanto, los guardias de la celda escuchaban mal. Creían haber recibido un cuerpo en movimiento, peligrosos golpes y ataques. Mientras tanto, el prisionero se escuchaba mal. Creía haber entrado a esa “institución” inmóvil, a la vez que su cuerpo hacia adentro, escindido de lo verdaderamente corporal, se movía al son de otros ritmos. En fin, que una vez recuperados los sentidos, el prisionero escucha, entonces, de su propia memoria, o de un sueño de su memoria, el relato, la sucesión de hechos que cree es la real, la sucedida. Sin embargo, esta historia no es más una de las posibles melodías. Un atajo más, círculo abierto a otros círculos. El texto escribe puntos brillantes dentro de estas curvas circulares: puntos fijos. Miradas vidriosas que se clavan, imágenes de “Sin vida. Sin muerte”. Pura conciencia e inconciencia de una separación, de una pérdida de cuerpo irreparable. Cuerpo que no busca sanarse, sino escribirse. Primera novela de Alejandro Vilas, círculo abierto, seguramente, a otras historias, otros ritmos contundentes, otros comienzos terminales.
Gabriela Stoppelman – Revista El Anartista

5 Comments:

Blogger yo said...

una grata sorpresa los dibujos que encontre en tu pagina no habia registrado la sutil genial ironia de tu pincel cerebral
...

10:36 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

ahhh quien soos!!
tampoco para tanto

los dibujos de historia para chicos son los mas buenos

12:26 p. m.  
Blogger Paula Irupé Salmoiraghi said...

Qué buenas críticas ha tenido tu novela!! Contame cómo ha sido la experiencia. ¿Y ahora que tas escribiendo? ¿Hacés taller con Di Marco? Sus libros de escritura me parecen geniales.

5:40 p. m.  
Blogger TallerLuciaIglesias said...

Hola Alejandro, te vimos hoy en el supermercado y nos diste tu tarjeta... Muy buenos los dibujos! Yo soy artista plastica, te dejo mi pagina: www.luciaiglesias.com.ar Estaba con mi pareja y mi hija, te acordas? Vos te llevaste una cervecita! Tengo un amigo coleccionista de humor grafico argentino... Nos mantenemos en contacto! Lucia

5:57 p. m.  
Blogger Laura Ponce said...

Te felicito por las críticas a tu novela y espero que podamos charlar sobre ella el día de la FLIA :-)

9:51 a. m.  

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